María Rebeca Pérez es una joven de 24 años que con su actividad de promotora agropecuaria se ha convertido en referente para su comunidad en Nebaj, Quiché.
La vida en las montañas del área Ixil siempre ha resultado un desafío para las comunidades indígenas. En especial para mujeres como Rebeca, madre de dos hijos y responsable de los ingresos de su hogar en donde vive junto con sus padres.
Inclusio había considerado la posibilidad de buscar trabajo en Estados Unidos, pero desistió cuando uno de sus hermanos le contó los riesgos del viaje.
Acostumbrada a ser independiente y generar sus propios ingresos, Rebeca compró una máquina de coser y dominó rápido el arte de hacer bordados y güipiles. Esto le permitía cubrir parte de sus gastos familiares, pero no era suficiente.
“No tenía los conocimientos, las herramientas ni el asesoramiento para establecer un negocio, sin embargo, nunca he dejado de soñar”, nos cuenta María Rebeca.
Cuando se apuntó al Programa para el Desarrollo Rural Integral Ixil, buscaba generar más ingresos a través de la agricultura. Ahora recuerda lo que significó para ella ser nombrada promotora agropecuaria:
“Me sentí con temor porque era la primera vez que asumía un cargo dentro de la comunidad. Incluso algunas familias decían que yo no podía ser promotora porque no tenía experiencia y que era muy joven, pero acepté el reto. Ahora veo que la gente confía en mí, me buscan y me respetan en la comunidad”.
En su proceso de capacitación apoyado por la FAO y el MAGA, María Rebeca ha aprendido a aprovechar de mejor manera el espacio y diversificar para aumentar la producción agrícola familiar.
Actualmente produce 18 quintales de tomate al año, equivalente a Q3,600 (USD$460) y con los productos de su huerto garantiza los tres tiempos de comida toda su familia.
También ha incursionado en la producción de huevos: ha pasado de tener un gallo y una gallina que daban tres huevos a la semana, a contar con 300 gallinas ponedoras que generan Q7,083 (US$908) mensuales.
Debido al COVID-19 ha tenido que adaptarse de mercado, pero ya se siente con la seguridad de lograr objetivos y metas más grandes que antes. Ahora aspira a comprar 500 gallinas más y construir un segundo invernadero para suplir la demanda de la escuela local.
Con su trabajo y perseverancia, Rebeca no solo ha aumentado sus ingresos y su autoestima, sino ha ayudado a romper estereotipos y se ha convertido en un ejemplo a seguir para hombres, mujeres y jóvenes en su comunidad.
“Ha habido un cambio total en mi vida, ahora no tengo miedo. Antes pensaba que por ser mujer no me tomaban en cuenta y ahora muchas consideramos que tenemos los mismos derechos, tanto hombres como mujeres”.
Rebeca es una de muchas #JóvenesConChispa que participan del Programa conjunto de desarrollo rural integral Ixil implementado por la FAO y financiado por la Agencia Sueca de Cooperación Internacional (SIDA).