Nelson Chun Ramírez, de veinticinco años de edad, creyó que no tenía otra opción que abandonar su Guatemala natal en busca de trabajo, hasta que la FAO lo incluyó en una iniciativa para promover el empleo de los jóvenes en el medio rural.

“Mi forma de vida es mucho mejor ahora”, dice Nelson.

Nelson procede de un pueblo llamado La Independencia, en Tejutla, San Marcos, donde un porcentaje elevado de jóvenes migra en busca de empleo o de mayores posibilidades de ingreso.

“Yo quería migrar por la falta de oportunidades y empleo”, dice Nelson. “Vi que mis vecinos y familiares enviaban dinero desde el extranjero y que, con él, las personas aquí empezaban a construir casas, comprar coches, etc.”.

Las comunidades rurales sufren sobre todo y de forma severa un mercado de trabajo precario y altos niveles de pobreza. La mayoría de los jóvenes trabajan en el sector no estructurado, a menudo realizando trabajos temporales o estacionales y ganando apenas la mitad del salario mínimo de Guatemala.

En 2016, Guatemala registró una escalada de la migración hasta el 14,1 por ciento, un aumento del 4 por ciento desde 2010 en el número de personas que abandonaron el país. Los registros de remesas de fondos sugieren que una inmensa mayoría de los migrantes abandonan su hogar en busca de oportunidades económicas.

Nelson pretendía reunirse con su padre, que vive en los Estados Unidos. En su lugar, encontró una nueva oportunidad a través del Enfoque Integrado de País (ICA) de la FAO para la promoción del empleo juvenil rural decente, que comenzó en 2015.

El Programa ICA ayuda a personas como Nelson a adquirir la capacitación y la experiencia necesarias para iniciar y dirigir negocios, sobre todo en los sectores de la agricultura y la ganadería.

“Tenemos los recursos necesarios en nuestra comunidad y estoy determinado a traer un cambio a mi entorno”, dice Nelson.

 

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